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El futuro de la lengua árabe según Khalil Gibran

Tras semanas de inactividad, os traemos un interesante artículo del célebre escritor libanés Gibran Khalil Gibran. Lo escribió a principios de los años 20 del siglo pasado en respuesta a unas preguntas que le propuso la revista egipcia Al-Hilal (الهلال) en torno a la lengua árabe. En las respuestas trata temas de lo más diverso: el estado de desarrollo de la lengua árabe, los efectos de la influencia extranjera en la lengua y el espíritu de la nación, su opinión sobre los dialectos y el papel que juegan los usuarios en la evolución de la lengua.

Es significativo reflexionar sobre los peligros que anuncia Gibran (la encrucijada en la que se encuentra la lengua, entre la imitación ciega al pasado y la imitación ciega a lo occidental), y el estado actual de la lengua. ¿Ha conseguido superar esa encrucijada? ¿Hasta dónde ha sido impulsada por la fuerza creativa?

Aunque hizo su primera aparición en la revista que mencionamos, aparece publicado en la obra البدائع والطرائف, que recoge varios artículos y poemas de Gibran y que han publicado numerosas editoriales. Es un artículo bastante conocido, pero desconocemos si existe traducción española. De existir, no es accesible vía internet, así que lo he traducido para traéroslo. A continuación algunos fragmentos que consideramos más relevantes, como el uso de la lengua árabe y el papel de los dialectos, pero merece la pena leerlo completo. El que quiera hacerlo tiene acceso a la traducción completa aquí: El futuro de la lengua árabe

 

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El futuro de la lengua árabe

– ¿Cuál es el futuro de la lengua árabe?

La lengua no es más que una manifestación de creatividad, tanto del conjunto de la nación como de la nación misma. Si la fuerza creativa se adormece, la lengua detiene su curso, y con la detención viene el retroceso, y con el retroceso la muerte y la desaparición.

Por eso, el futuro de la lengua árabe pende del futuro del pensamiento creativo que se encuentra (o no) en el conjunto de países que la hablan. Si ese pensamiento está presente, el futuro de la lengua será tan espléndido como su pasado, pero si no lo está, su futuro será igual que el de sus hermanos el siríaco y el hebreo.

Pero, ¿qué es esta fuerza a la que llamamos “fuerza creativa”?

Es un impulso que empuja la nación hacia delante. Tiene el corazón hambriento, sediento, anhelante de lo desconocido, y en su alma hay una cadena de sueños que persigue noche y día, en la que no puede cumplir un eslabón si antes no ha añadido la vida un nuevo eslabón al extremo opuesto. Es el talento del individuo y el entusiasmo del grupo, pues ¿qué es el talento individual sino la capacidad de hacer palpables las tendencias latentes del grupo? Así, el poeta durante la Yahiliya se preparaba, pues los árabes se estaban preparando; y crecía y se extendía durante la expansión islámica, pues los árabes estaban en un periodo de crecimiento y extensión; y se dividía en la época de los muladíes, pues el Islam estaba en proceso de división. El poeta siguió creciendo, progresando, bullendo, unas veces surgía como filósofo, otras como médico, y otras como astrónomo. Hasta que el sopor pesó sobre la fuerza creativa de la lengua árabe y los poetas se volvieron versificadores,  los filósofos teólogos, los médicos curanderos y los astrónomos astrólogos.

Si es cierto lo arriba expuesto, el futuro de la lengua árabe es rehén de la fuerza creativa del conjunto de países que la hablan. De este modo, si esos países poseen una entidad propia y una unidad significativa, y si su fuerza creativa despierta tras ese largo letargo, el futuro de la lengua árabe será tan espléndido como su pasado. Si no, no.

– ¿Cómo es preferible que influya el proceso de civilización europeo y su espíritu occidental?

La influencia no es más que un tipo de alimento que la lengua toma de fuera, lo mastica, lo traga, y asimila en su propio organismo vivo lo que le es de provecho, de igual manera que un árbol transforma la luz, el aire y los nutrientes de la tierra en ramas, hojas, flores y frutos. Pero si la lengua árabe no tiene diente con que masticar ni vientre con que asimilar, no solo se le escapa el alimento en vano, sino que se torna en veneno mortal. ¡Cuántos árboles engañan a la vida estando a la sombra, y si nadie los mueve a la luz del sol se marchitan hasta morir! Como ya se dijo: «Porque al que tiene, le será dado, y tendrá en abundancia; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado».

El espíritu occidental es una etapa de la historia del ser humano, un capítulo de su existencia. La existencia del ser humano es una enorme procesión que avanza siempre hacia delante, y del polvo dorado que va dejando a su paso se forman las lenguas, los gobiernos y las ideologías. Las naciones que marchan a la cabeza de esta procesión son las creativas, y el que crea influye. En cuanto a las que marchan a la cola, son las imitadoras, y el que imita se deja influenciar. Cuando Oriente marchaba delante y Occidente detrás, fue nuestra civilización la que dejó una considerable influencia en su lengua. He aquí que ahora ellos han pasado a ir por delante, y nosotros vamos detrás, con lo que es su civilización la que deja una enorme huella en nuestra lengua, nuestras ideas y nuestros valores.

Mientras que en el pasado los occidentales tomaban lo que nosotros cocinábamos, lo masticaban, lo tragaban, y asimilaban lo que les era apropiado en su organismo, actualmente son los orientales quienes toman lo que Occidente cocina y lo tragan, pero no para integrarlo como parte de su organismo, sino para acabar siendo una especie de occidentales. Esta situación me aterra y aflige, pues el Oriente se me aparece a ratos como un anciano que ha perdido los dientes, ¡y a ratos como un bebé al que aún no le han crecido!

El espíritu occidental es al mismo tiempo amigo y enemigo. Amigo si lo dominamos, y enemigo si nos domina. Amigo si le abrimos nuestros corazones, y enemigo si se los entregamos. Amigo si cogemos de él lo que nos conviene, y enemigo si nos ponemos en la situación que a él le conviene.

[…]

– ¿Ha vencido el árabe clásico a los diferentes dialectos? ¿Es capaz de unificarlos?

Los dialectos árabes están en periodo de transformación y perfeccionamiento, y sus asperezas se están limando para suavizarlos, pero ni han sido ni serán vencidos, y así debe de ser, pues son la fuente de todo lo que estimamos refinado en la retórica y el foco de lo que consideramos elegante en la elocuencia.

Todas las lenguas siguen, como cualquier otro fenómeno, el principio de que lo más adecuado es lo que prevalece, y en los dialectos hay muchos elementos que por eso mismo prevalecerán, pues son más cercanos a la idea de nación y más próximos a sus propias aspiraciones. Dije “prevalecerán”, y con ello quiero decir que se asimilarán al cuerpo de la lengua y formarán parte de su organismo.

Todas y cada una de las lenguas occidentales tienen sus dialectos, y esos dialectos cuentan con manifestaciones literarias y artísticas no exentas de encanto y belleza, ni de novedad y creatividad. Es más, en Europa y América existe una corriente de talentosos poetas que han conseguido combinar lengua estándar y dialectal en sus poemas con total armonía y eficacia. Para mí, en las canciones populares hay tantas metonimias novedosas, elegantes metáforas y  expresiones llenas de gracia e inventiva que si las pusiéramos al lado de esos poemas que, compuestos en un árabe culto, pueblan nuestros periódicos y revistas, serían como un ramillete de albahaca sobre un monte de leña, o como un grupo de muchachas cantando y danzando frente a una pila cadáveres embalsamados.

La actual lengua italiana fue durante la Edad Media un dialecto, y los eruditos se referían a ella como la lengua del «vulgo», pero, cuando autores como Dante y Petrarca la usaron para componer sus inmortales poemas, acabó convirtiéndose en la lengua italiana estándar, y el latín pasó a ser un esqueleto que, si bien es cierto que se movía, lo hacía a hombros de un cortejo fúnebre en retroceso… Los dialectos de Egipto, Siria o Irak no se encuentran mucho más lejos de la lengua de Al-Mu’arri o Al-Mutanabbi de lo que lo estaba el dialecto del «vulgo» de la lengua de Ovidio o Virgilio. Si apareciera en Oriente Medio un genio que escribiera una obra de arte en alguno de esos dialectos, ese dialecto se convertiría en lengua estándar. Sin embargo, no auguro que esto suceda pronto en los países árabes, pues los orientales se inclinan más al pasado que al presente o al futuro, ya que son, a sabiendas o no, conservadores. Así, si un grande entre ellos exhibe su ingenio está obligado a seguir las sendas retóricas que siguieron los que le precedieron, sendas que no son más que un atajo entre la cuna del pensamiento y su sepulcro.

– ¿Cuál es la mejor manera de avivar la lengua árabe?

La mejor y el única manera avivar la lengua reside en el corazón del poeta, en sus labios y entre sus dedos, pues el poeta es el mediador entre la fuerza creativa y la humanidad, el hilo que lleva las creaciones del mundo del alma al mundo de la investigación, y las decisiones del mundo del pensamiento al mundo del registro y la documentación.

El poeta es padre y madre de la lengua, que marcha por donde él marcha, se recuesta donde él lo hace, y si muere se sienta a llorar junto a su tumba hasta que pasa un nuevo poeta y se la lleva de la mano.

Y si el poeta es padre y madre de la lengua, el imitador es quien teje su mortaja y cava su tumba.

Con poeta me refiero al  inventor grande y al pequeño, al descubridor fuerte y al débil, al creador grandioso y al miserable, al que ama la vida sencilla, ya sea imam o mendigo, y al que venera los días y las noches, ya sea filósofo o guardián de una viña.

El imitador, en cambio, es el que ni descubre ni crea nada, sino que toma su vida espiritual de sus contemporáneos, y la viste con ropas confeccionadas a partir de retazos de los vestidos de sus predecesores.

Con poeta me refiero a ese agricultor que labra la tierra con un arado distinto, siquiera ligeramente, del que heredó de su padre, y tras él viene el que da a ese nuevo arado un nuevo nombre. Me refiero a ese jardinero que entre flores amarillas y rojas cultiva una tercera flor color naranja, y tras él llega el que da a esa nueva flor un nuevo nombre. Me refiero a ese sastre que teje sus propios diseños y bordados, distintos a los de sus vecinos, para que otro le dé a esta tela un nuevo nombre. Con poeta me refiero al marinero que iza una tercera vela en un barco que solo tiene dos, al albañil que levanta una casa con dos puertas y dos ventanas en un vecindario cuyas casas solo tienen una puerta y una ventana, al tintorero que mezcla colores que nadie antes había mezclado y obtiene un color nuevo. Tras ellos viene quien da nombres nuevos al fruto de su trabajo, con lo que se añade una nueva vela al barco de la lengua, una nueva ventana a su casa, y un nuevo color a su vestido.

El imitador, en cambio, es el que va de un sitio a otro por el camino que ya han recorrido mil y una caravanas, y no se separa de él por miedo a extraviarse. Es el que para vivir y procurarse su sustento sigue los caminos trillados por donde ya han pasado mil y una generaciones. Su vida es un eco y su ser la tenue sombra de una verdad lejana de la que no sabe nada ni quiere saberlo.

Con poeta me refiero al devoto que, tras postrarse en el templo de su alma lloroso, alegre, en duelo, radiante, atento y salvado, sale portando entre sus labios y sobre su lengua nuevos nombres y verbos, letras y vocablos para una devoción que se renueva cada día y un éxtasis que cada noche varía. Así añade una cuerda de plata al arpa de la lengua y un buen tronco a su estufa.

El imitador, en cambio, es el que repite las mismas oraciones y plegarias, sin pasión ni ganas, y deja la lengua tal cual se la encontró, y la elocuencia personal donde no hay elocuencia ni hay personalidad.

Con poeta me refiero a aquel cuyo alma, cuando ama a una mujer, se hace única y se aparta de caminos terrenales para vestir sus sueños con el esplendor del día y el pánico de la noche, con el gemido de las tormentas y la tranquilidad de los valles. Tras ello el alma regresa a trenzar una corona sobre las sienes de la lengua y tallar un colgante para su cuello.

El imitador, en cambio, es imitador hasta en el amor, y en los piropos, y en las metáforas. Así, si menciona la cara y el cuello de su amada dice que son la luna llena, una gacela. Si se acuerda de su pelo, de su talle o de su mirada dice que son la noche, una esbelta rama, dardos que se clavan. Para lamentarse habla de un párpado insomne, del amanecer lejano, de un cercano reproche. Y si quiere aparecer con un prodigio retórico dice: mi amada alberga perlas en el narciso de sus ojos para regar las rosas de sus mejillas, y muerde con sus helados dientes los dátiles de sus dedos. Nuestro amigo el loro entona esos viejos cantos, sin saber que con su necedad está envenenando la pulpa de la lengua, y mancillando su honor con su estupidez.

He hablado de lo productivo y su fruto, y de lo estéril y su daño, pero no he mencionado a aquellos que dedican su vida a elaborar diccionarios, escribir gruesos estudios e instituir academias de la lengua. No he dicho nada de ellos porque considero que son como la playa entre la marea alta y la baja de la lengua. Su labor se limita a criba, y la criba es necesaria. Sin embargo, ¿qué puede hacer el tamiz si la fuerza creativa de la lengua no cultiva más que paja y no cosecha más que rastrojos?, ¿qué puede hacer si no brotan en sus campos más que cardos?

Vuelvo a repetir que la vida, unidad y generalización de la lengua, y todo lo que tenga que ver con ella, depende y dependerá de la imaginación del poeta. Pero, ¿acaso tenemos poetas?

Sí, tenemos poetas, y todo oriental puede ser poeta en su campo, en su jardín, en su telar, su capilla, su púlpito y su escritorio. Todo oriental puede liberarse de la celda de imitación y tradiciones, y salir a desfilar con la vida bajo la luz del sol. Todo oriental puede rendirse a la fuerza creativa escondida en su alma, esa fuerza eterna que hace de las piedras hijos de Dios.

En cuanto a aquellos que os dedicáis al verso y la prosa, os digo: que vuestro propósito sea evitar imitar a los que os precedieron, pues es mejor para la lengua árabe que construyáis con lo que tenéis una mísera cabaña a que erijáis un excelso palacio con lo que tomáis prestado. Que vuestra dignidad os impida escribir poemas de alabanza y de elegía, pues es mejor para vosotros y para la lengua árabe que muráis despreciados a que queméis frente  a viejos ídolos el incienso de vuestros corazones. Que vuestro entusiasmo nacionalista os impulse a plasmar la vida oriental en lo extraordinario de su dolor y en lo maravilloso de su dicha, pues es mejor para vosotros y para la lengua árabe que toméis lo más sencillo de la realidad que os rodea y lo vistáis con vuestra imaginación a que traduzcáis lo más sublime que se haya escrito en Occidente.

5 Comments

  1. Anass RAHOU says:

    Un gran arttículo, con el cual comparto varios puntos! Un saludo

  2. Víctor says:

    Muchas gracias por publicar la traducción. El artículo es muy interesante. ¿Sabes si existe una versión electrónica del texto árabe? Si existe y puedes publicar el enlace, lo agradecería mucho.

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