Interpretando la diglosia árabe
December 31, 2016

Entrevista de Protocolo con Amal El-Baba

Antes de irme de vacaciones de navidad, estaba en el despacho de uno de mis profesores de literatura del departamento de árabe de la AUB (Universidad Americana de Beirut), cuando de repente, Rashid Daíf (el renombrado novelista libanés que también trabaja en el mismo departamento) entró en el despacho e interrumpió la conversación para hablarnos de ‘بروتوكول’, la nueva novela que su alumna, Amal El-Baba, acababa de publicar. Según Rashid, ‘Protocolo’ era de las mejores novelas que se habían escrito en árabe en la última década. Y hombre, cuando Rashid Daíf dice eso, una servidora se lo apunta y, como es natural, se compra la novela al día siguiente.

 

No voy a mentir. Una de las razones por las que me quería leer este libro era para ganarle la batalla a mi escepticismo. Después de casi seis años en Líbano y de dos años en la AUB, una parte de mí ya se había hasta creído el molesto cliché de que a los jóvenes libaneses no les interesa el árabe y de que todos prefieren utilizar el inglés o el francés. Aunque la otra parte de mi sabe que ésta no es sino la realidad de un sector muy concreto de la sociedad libanesa, la clara segregación económica y cultural que existe en el país a veces nos atrapa y tiende a hacer olvidar la diversidad de realidades que conviven en el país fuera de esa burbuja. Que una estudiante de la AUB hubiera escrito una novela en árabe con 24 añitos y que Rashid Daif hablase de ella así me provocó una mezcla de curiosidad, alegría y esperanza.

Me leí Protocolo durante las vacaciones de navidad. Tranquilos, no voy a desvelar ni comentar detalles sobre la novela en sí. Baste con decir que, personalmente, disfruté mucho leyéndola. Protocolo está ambientada en Líbano, y entrelaza la historia de la protagonista principal, la pequeña Maya, con la de diferentes miembros de su familia.

 

 

En cuanto volví a Beirut, me puse en contacto con Amal, que muy amablemente accedió a concedernos la entrevista que os ofrecemos a continuación.

Amal El-Baba es una joven libanesa de 24 años que actualmente cursa un máster de lengua y literatura árabes en la AUB. Amal nació en Saida, una ciudad a 40 km al sur de Beirut en la que vivió toda su vida, hasta que en 2010 se mudó a Beirut para comenzar sus estudios de periodismo en la LAU (Universidad Americana-Libanesa).  Nada más graduarse, se puso a trabajar y dos años más tarde se matriculó en un master de lengua y literatura árabes en la AUB, que actualmente compagina con su trabajo.

 

  • Bueno Amal, cuéntanos donde empezó todo. ¿Llevas mucho escribiendo?
  • Pues la verdad es que no sabría decirte. Empecé a escribir un poco porque sí. En el colegio siempre hacían concursos de relatos cortos y yo siempre me apuntaba… y siempre ganaba. Escribía, pues eso, relatos cortos más que nada, hasta que el último año antes de ir a la universidad celebraron una competición en la que una conocida editorial pedía mini-novelas de unas 20 páginas escritas por estudiantes. Yo escribí una mini novela de 50 páginas y gané. Hasta me la publicaron. Recuerdo que estaba muy emocionada y orgullosa de esa historia. Vaya palo me llevé cuando se la enseñé a Rashid y se echó a reir…

 

  • ¿Rashid? Te refieres a Rashid Daíf, ¿no? ¿Cuál dirías que ha sido su papel en todo este proceso?
  • Bueno, el papel de Rashid ha sido esencial. Yo lo conocí en la LAU porque me matriculé en una de sus clases de escritura creativa. Ahí fue cuando le enseñé la historia con la que gané la competición. Me dijo que tenía mucho que aprender, y razón no le faltaba. Aunque supongo que, a pesar de eso, Rashid vio algo en mí. Siempre me insistió para que siguiera escribiendo. Cuando acabé el grado y me puse a trabajar, dejé de escribir. No tenía tiempo y tuve que afrontar una serie de problemas familiares. Luego empecé el máster y volví a encontrarme con Rashid en la AUB. El siguió insistiendo y en poco tiempo me di cuenta de que llevaba razón. Había perdido mucho tiempo, así que me puse a escribir inmediatamente. Yo diría que este libro lo escribí entre 2015 y 2016. Por supuesto, él me guio durante todo el proceso.

 

  • Qué rápido todo, ¿no? Me imagino que casi ni habrás tenido tiempo para asimilarlo. 
  • Pues no mucho, la verdad. Aunque si te soy sincera, ya me he puesto a escribir mi próximo libro. No quiero perder más tiempo. Además, cuando he visto lo bien que ha salido todo con Protocolo y la buena acogida que está teniendo, se me han quitado todos los miedos.

 

  • Cuéntanos un poco más sobre Protocolo. ¿En qué o quién te inspiraste para escribirlo?
  • Protocolo está basada, como has podido ver, en la vida real. Muchas de las cosas que suceden en el libro me pasaron muy cerca, o le sucedieron a gente con la que tengo contacto. Creo que solo soy capaz de encontrar inspiración en la vida cotidiana, en las historias que he vivido, experimentado y escuchado. Son las que me mueven y las que me parece que vale la pena contar.

 

  • Personalmente, he de decir que lo que me cautivó de tu libro es ese aroma a Líbano que se respira en cada página. Y no hablo solo de referencias culturales, también me refiero a la lengua. Aunque tu libro está escrito en árabe estándar, en ocasiones utilizas léxico y expresiones propias de la variedad oral libanesa. ¿Qué nos puedes decir sobre esto?
  • Hombre, por supuesto. Hay ciertos proverbios, expresiones… ¡es que no podría escribirlos de otra forma aunque quisiera! La novela está escrita en estándar porque quiero dirigirme a un público árabe que va más allá del libanés. Soy consciente de que en ocasiones incluyo referencias a elementos de la cultura libanesa profunda que pueden ser incomprensibles para, por ejemplo, un lector marroquí. La cuestión es que esas alusiones, al igual que el marcado registro oral, son parte esencial de la identidad del libro y, sobre todo, de la identidad de sus personajes, a las que creo que debo ser fiel por encima de todo. Todos los personajes de Protocolo son libaneses y tienen, diría yo, una identidad bien marcada. En los diálogos he intentado adaptar la lengua estándar a sus personalidades. Si he incluido el dialecto ha sido para reflejar su nivel socio-cultural, sus creencias religiosas, su carácter… en suma, su manera de vivir y de sentir.

 

  • A veces en el libro utilizas prestamos del francés o del inglés como «كروشيه», del francés crochet, o «كيك» o «شورت» del inglés cake y short. Nos hemos fijado en que el primero aparece entrecomillado pero los dos últimos no. 
  • Sí. «كروشيه» aparece entrecomillado porque, aunque en Líbano yo creo que se entiende más o menos lo que es, el uso de este término no está tan extendido como el de كيك o el de شورت. Vamos a ver, es que la alternativa es utilizar una palabra puramente árabe que nadie usa en Líbano. ¿Quién dice كعكة aquí para referirse a una tarta? Nadie. Aquí una كعكة se come con queso y zaatar. ¿Y como voy a hacer que cualquiera de los personajes diga بنطلون  o سروال قصير si nadie que conozco lo diría en la vida? Las palabras que he escogido son las que se usan día a día en el dialecto y no le sonarían pesadas a un hablante de árabe. Siempre hablo de este tema con Rashid. Él incluso piensa que poco a poco todo se acabará escribiendo en dialecto, y yo estoy de acuerdo. Además, los escritores hoy en día tenemos que competir con otras mil formas de entretenimiento: películas, series, redes sociales… Es cada vez más difícil hacer a la gente leer. Personalmente, yo intento evitar escribir en ese registro complicado e inaccesible que parece ser popular entre algunos escritores árabes. En primer lugar porque hay mucha gente que, sencillamente, no tiene acceso a ese registro ni puede entenderlo. En segundo lugar, ese registro no me permite expresar lo que yo quiero transmitir en mis novelas. Creo que la lengua árabe tiene que modernizarse si no quiere acabar siendo una lengua muerta, y escribir con un registro más sencillo y cercano al dialecto me parece una buena forma de empezar.

 

  • Hablemos ahora de la situación de la lengua árabe en tu país, Líbano. Se dice que muchos jóvenes libaneses no dominan el árabe escrito, y que en general existe un sentimiento de rechazo y desinterés hacia la lengua, que contrasta con un creciente uso del inglés y del francés. ¿Qué opinión te merecen estas afirmaciones?
  • Muchas veces es la triste realidad. Vamos a ver, yo creo que todo empieza en las escuelas. En este país en el colegio nos enseñan árabe mal. Es así de sencillo. Todo el mundo saca mejores notas en inglés y en francés que en árabe porque el método de enseñanza de árabe es terrible. La gramática árabe (القواعد) es la pesadilla del 90% de los niños libaneses. Por eso nadie quiere continuar cuando les dan la opción. Todos hablan libanés, claro, pero no sienten que lo que están estudiando sea útil para su futuro. Y algo de razón tienen. En Líbano, cada vez más, saber buen árabe no es un requisito en casi ningún puesto de trabajo, a no ser que trabajes específicamente con la lengua, o te dirijas a un público exclusivamente árabe.           A mí me gusta el árabe porque desde pequeña me encantaba leer historias. Me ayudaban a desconectar y a escapar cuando lo necesitaba.

 

  • Hay otros muchos jóvenes libaneses que también leen mucho, pero en otras lenguas. Muchas veces me encuentro con caras horrorizadas de amigos libaneses cuando ven que saco del bolso un libro en árabe. ¿Por qué crees que esto pasa?
  • Uy, esto sí que me enfada bastante. Aunque no puedo decir que no lo entienda en parte. Creo que esta en parte relacionado con el uso de la lengua árabe. En muchas de las novelas que nos enseñan en el colegio, y en muchas otras que he leído, siento que el árabe se convierte casi en un escenario al que el escritor se sube para fardar de músculos, en lugar de ser una herramienta de expresión. Las descripciones son interminables, el estilo es demasiado elaborado y muy poco real. Hay grandes escritores árabes, no lo niego, pero creo que muchas veces, incluso actualmente, los escritores tienden a escribir en un estilo que simplemente no cuadra con los jóvenes de aquí, acostumbrados a la literatura inglesa y francesa que les enseñan en el colegio. Desde luego, el principal problema es que en la escuela apenas estudiamos literatura árabe moderna. Nos centramos o bien en la literatura clásica, o en otros países. Los libaneses a menudo se centran en admirar lo de fuera en lugar de entender y valorar lo que tienen dentro.

 

  • ¿Cómo crees que tu experiencia con Protocolo y con la lengua árabe encajan en este debate?
  • Mira, tengo un muy buen amigo que lleva años planeando escribir un libro en árabe, pero que dice que no lo empezará hasta que no haya leído por lo menos 200 clásicos de la literatura árabe. Dice que es la única forma de producir una obra de calidad y encaje en la tradición árabe. Yo lo admiro, pero no comparto sus ambiciones.
  • Adoro la lengua árabe, la estándar y la libanesa. Ambas son mis lenguas. Jamás se me habría pasado por la cabeza escribir Protocolo en inglés. Sin embargo, no me he leído 200 libros de gramática árabe para escribirlo… yo creo que eso es secundario. Mi objetivo es compartir mis historias, y la lengua es una herramienta que está aquí para hacerme la vida más fácil, no para darme dolores de cabeza. Tengo conocimientos suficientes como para expresarme correctamente en mi lengua y si, como es normal, se comete algún error, ahí está la editorial para supervisar y corregir. No hay que tenerle miedo a la lengua árabe. Y creo que éste es un buen consejo tanto para el que escribe como para el que lee.

 

Amal El-Baba y Ana Iriarte durante la entrevista para Ta Marbuta

 

 

 

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